El refugio de los platos hondos
Hay algo profundamente reconfortante en la liturgia de sentarse a disfrutar de un buen menú del día. No me refiero a esos menús de trámite que uno engulle a toda prisa entre reuniones o mirando el reloj, sino a aquellos que se saborean con calma, con la mesa rodeada de la gente que más importa. …
