Con sus valles fluviales, sierras montañosas y paisajes costeros, el Baixo Miño no deja indiferente a ninguno de sus visitantes. Esta comarca del suroeste de Pontevedra alberga en sus más de trescientos kilómetros cuadrados una variada oferta de destinos de interés histórico, cultural y ecoturístico. El casco antiguo de Tui, por ejemplo, está considerado como una parada obligada al visitar sur de las Rías Baixas.
Esta localidad monumental posee una variopinta colección de edificios y restos arquitectónicos de época medieval, como la catedral de Santa María de Tui. Data del siglo trece y maravilla sobre todo por su aspecto fortificado y la presencia de torres almenadas. En su estilo se mezclan el románico inicial y el gótico, visible este último en su pórtico occidental.
Este retorno al pasado prosigue en A Guarda, concretamente en el castro de Monte Santa Trega. Se trata de un yacimiento celta que fue declarado Monumento Histórico-Artístico Nacional, en prueba de su trascendencia histórica. Los visitantes pueden admirar aquí un gran número de grabados rupestres o petroglifos, con más de dos mil años de historia.
En Baixo Miño tampoco faltan oportunidades de practicar el turismo activo. De hecho, el público senderista dispone de un itinerario fuera de lo común: la ruta de los Muiños do Folón e do Picón. Sus tres kilómetros y medio de extensión transcurren entre cascadas, molinos y vistas panorámicas del Valle de O Rosal.
A propósito del municipio de O Rosal, su pertenencia a las subzonas de la Denominación Rías Baixas endulza aún más su experiencia turística. Y es que una de las actividades estrella en este destino es la cata de vinos autóctonos, elaborados con la variedad de uva Albariño, Treixadura y Loureira. Muchos tours de enoturismo incluyen la visita a bodegas emblemáticas como Terras Gauda, Lagar de Fornelos o Valmiñor, entre otras.