Con la introducción del primer reloj de pulsera por el suizo Abraham-Louis Breguet, la correa pasó a ocupar el lugar de la tradicional cadena. En el siglo diecinueve, Carolina Bonaparte, por entonces reina de Nápoles, fue pionera en el uso de esta novedad de la época, llamada a imponerse en los siglos venideros sobre los relojes de bolsillo. De ahí que todas las grandes marcas (a excepción de Tissot y Patek Philippe) estén volcadas en la fabricación de unidades de pulsera y que sean las más demandadas en cualquier relojeria cerca de mi.
El ‘salto’ del reloj de bolsillo al de pulsera no habría sido posible sin la correa. Pese a la trascendencia de este elemento, es el gran olvidado para una parte del público. Sin embargo, su función va más allá de evitar que el cronógrafo abandone la seguridad de la muñeca.
Las correas son un componente más en el diseño de cualquier reloj. Por eso, están disponibles en materiales que complementan a la caja, el bisel y otras partes del producto. El cuero natural o sintético es una de las soluciones más extendidas por su flexibilidad y tacto cómodo y agradable. Los relojes premium incorporan correas elaboradas con piel de cordobán, avestruz o lagarto.
Otro material estrella para la correa es el metal. En concreto, se estilan los diseños en acero inoxidable, titanio de grado 5, platino y oro. Por su parte, la malla milanesa representa el lujo y la elegancia. De aparición más reciente son las correas de caucho, fibra de carbono y cerámica de alta tecnología.
Respecto al mantenimiento de la correa relojera, este accesorio debe recibir unos cuidados condicionados por el material y las indicaciones del fabricante en cuestión. Por ejemplo, una correa de cuero ha de limpiarse superficialmente, evitando sumergirla en agua y untando su superficie con una crema hidratante específica para pieles naturales.